Hace mucho tiempo que no llovía tan fuerte sobre la capital. Es más, habían pasado 3 meses de una estéril sequía que había azotado los campos de tal manera que el pasto se había secado, y las flores habían decidido no florecer.
Ese día a lo lejos los relámpagos, hacían tal estruendo al caer, que asustaban al más valiente. Andrea , estaba petrificada de miedo. Siendo la menor de una familia de tres hermanas era de esperarse. Su mama la había mandado a dormir temprano. Con la esperanza que el sueño la alcanzara pronto, y no siguiera temblando de miedo por el concierto celeste.
Andrea camino tímidamente hacia su cama. Cada paso se le hacía terrible, ya que en cualquier momento el estruendo de un rayo la asustaba. Cuando finalmente llego a su cama, se sentó y observo por un instante la luz que llegaba a través de la ventana, y aterrizaba en un rincón de su ropero.
Andrea tenía 9 años, y a pesar que ya no creía en el coco, ni en la sucia. Todos sus temores volvían a ella. Notó, o creyó notar un leve movimiento. Cerro los ojos, como si ese acto arreglara todo lo demás. Se acurrucó en su cama y se envolvió en su cobija. Intento infructuosamente dormir, cosa inútil ya que el estruendo no la dejaba en paz. Miro avanzar aquel reloj digital de color rojo, que reposaba en su mesa de noche, y vió melancólicamente como el tiempo pasaba, y la tormenta no cesaba. Trató de pensar en cosas alegres, pero en la oscuridad de su recámara,sólo lograba recordar imágenes aisladas de una película de terror que nunca debió haber visto.
Y por si esto no fuera poco, empezó a escuchar voces. Voces tenues y graves que susurraban su nombre, voces que parecían agonizantes. Andrea intentó ignorarlas, y convencerse de qué nada de lo que estaba escuchando podría ser real. En la vida las historias de terror no existen. Pero las voces no hicieron más que sonar cada vez más cerca. Andrea que se encontraba envuelta en su cobija, asomó por un costado su cabeza, y miro hacia la mesa de noche con más miedo que curiosidad. Sólo llegó a darse cuenta que eran ya las 3 de la madrugada, cuando vió la sombra moverse a través de su habitación.
El pánico se apoderó de ella. Se envolvió en su cobija, y sus mayores temores se hicieron realidad, la tormenta había cesado, pero la criatura que había visto moverse no era imaginaria. Dudaba si gritar por ayuda, ya que quizás la criatura la atacara más rápido. Medito por un instante sobre que debía hacer. No podía permanecer en esa habitación, no con ese monstruo rondando. La puerta estaba muy cerca de su cama, si, debía huir, además la criatura se había movido en dirección al baño, justo al otro extremo de la habitación. A pesar que sentía que no debía moverse del lugar, temía que la criatura, se le abalanzara y todo acabara.
Andrea estaba lista, inicio una cuenta en su cabeza, para darse valor, 3, 2, 1.... Rápidamente tiró su cobija al suelo, y se levantó de un salto dio dos grandes zancadas en dirección a la puerta, sus manos se posicionaron sobre el llavín y trato de girarlo.
Pero algo pasaba, no podía abrirlo. La puerta, como amargamente recordó en ese instante, era trancada por su madre desde afuera. Ya que Andrea siempre fue sonámbula desde pequeña su madre temía que se lastimara. Su habitación era su cárcel, no podía salir. De pronto sintió el aire más espeso, un frío escalofrío recorrió todo su ser. Escucho unos pasos que venían de la esquina contraria, justo a donde había visto aquella criatura moverse. Intento gritar, pero su garganta no le ayudó. Trato de presionar el interruptor de la luz eléctrica, pero cuando lo hizo se dio cuenta que el foco estaba quemado. Cuando reunió el valor para encarar lo inevitable, un remedo de mano se posó sobre sus hombros. Sintió cómo su vida pasaba en un instante, alcanzó a balbucear una frase "¿mamá, papá? A lo que una voz tétrica respondió, ya.
La policía del lugar encontró en una casa de habitación una escena espantosa, una familia de 5 brutalmente asesinados los padres murieron desangrados en la sala, las dos niñas menores asfixiadas en sus habitaciones. Pero extrañamente la niña más pequeña fue encontrada muerta, sin signos de lucha o heridas, en su habitación que estaba cerrada con llave, desde afuera.
Se desconoce la causa de su muerte.
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